Solo para los que buscan el límite. Tras más de tres meses de maduración en seco (Dry Aged), este chuletón de buey se ha transformado en una pieza de culto. La pérdida de humedad ha concentrado los sabores de forma drástica, logrando una complejidad aromática sin igual. Es una carne con una textura aterciopelada y un sabor evolucionado, profundo y persistente que desafía los sentidos.
Consejo del carnicero: Es fundamental atemperar la pieza varias horas antes de cocinarla. Un sellado potente por fuera y un corazón caliente pero poco hecho es todo lo que necesita para brillar.





